COCINAR LO CULTIVADO

Torre del Mar, Málaga

Flexibilidad espacial y relación con la actividad profesional

¿Qué mejor opción que poder cocinar los productos que el campo nos ofrece de primera mano? En este proyecto se genera una sinergia entre la actividad que se desarrolla en el espacio y el producto utilizado, una interacción que se ve enriquecida por la actividad profesional que tiene lugar en la unidad parental. La agricultura, motor principal de la familia, requiere de unos espacios en la vivienda que sean flexibles, higiénicos y de gran capacidad, dado el número de miembros que la componen.

Antes de la intervención, nos encontrábamos con una cocina oscura y un pequeño cuarto de televisión, divididos por una doble puerta corredera embutida en un muro, lo que suponía una barrera espacial considerable. Si los seis miembros de la familia querían hacer uso de esa estancia simultáneamente, no había espacio suficiente para todos. Tras la intervención, se optó por eliminar esta barrera, creando un espacio único envuelto en colores y texturas propias del campo. El verde menta de las baldosas cerámicas vidriadas que recubren las paredes refleja la luz natural que entra por las ventanas, dotando al espacio de más iluminación y amplitud.

El suelo se reviste con baldosas porcelánicas en acabado madera espigada, que evocan la madera cortada en el campo y sus construcciones efímeras, aportando calidez y acogimiento al ambiente.

Todo el frente del cerramiento exterior se reviste de suelo a techo con un gran mueble de madera lacada en blanco, lo que proporciona flexibilidad y una gran capacidad de almacenamiento a la cocina. El acabado blanco mate de los muebles genera holgura en el espacio interior, pero, al igual que en la naturaleza, no todo es luz, verde, madera y agua. También se debe dar importancia a los elementos que habitan en la sombra. Por eso, los tiradores y herramientas que facilitan la apertura de los muebles se colocan en los encuentros entre las puertas y en acabado negro mate, como si fueran sombras.